(Cap. XIV) El hombre del banco: Algunos hombres buenos.

martes, 23 de noviembre de 2010

Amanece despacio en el parque de la gran ciudad, el sol se cuela sin prisas entre los entresijos de las hierbas, para zarandear las pocas flores que ha dejado el otoño y hacerse paso entre el paisaje. Al fondo del pasaje principal, donde los olivos urbanos serpentean el camino, se puede divisar con claridad el mismo banco público de siempre, aquel que tantas veces acomoda y da hogar al hombre del banco. Rodeado por un escenario envidiable de Lirios y otras flores de invierno el aroma a lavanda y romero se hace evidente tras el frío nocturno y bajo el telón de una gruesa manta el hombre del banco permanece inmóvil sólo acompañado por su incesante respiración, hasta que puntual a su cita, como un reloj regalado por la naturaleza, los rayos del sol cubren su cara invitándolo a seguir vivo y a no perderse nada...


Presiente que hoy será un gran día, de esos que no se olvidan fácilmente, que marcan y que dejan huella interior, así que sin saber muy bien ni como se calza sus únicos mejores zapatos y persiguiendo sus propias huellas se deja llevar por el asfalto obedeciendo sólo a sus pasos. No ha caminado mucho cuando se topa de bruces con una Fiat Ducato, aparcada en la puerta de una sala de conciertos y cargada de instrumentos donde sus ocho pasajeros al verlo lo reciben entusiasmados y no dejan de elogiarlo por su puntualidad y por su acogimiento, ante tal situación el hombre del banco se abraza a todos ellos y se siente tan complacido que se decide a acompañar a aquellos desconocidos allá donde vayan. Uno tras otro comienza a subir y a bajar de la furgoneta cargando los pesados artefactos sonoros que van llevando cuidadosamente al interior de la sala y él que ya ha demostrado tantas veces ser un individuo solidario, asciende y desciende del vehículo con la sonrisa puesta y cargando con las guitarras, la batería, micros, cajas, cables, a una velocidad por la que es aplaudido por sus generosos compañeros de viaje. Ya en el interior del local un amable camarero le dispensa una cerveza tras otra insistiéndole mucho en que después del concierto habrá más para él y para sus compañeros del grupo, así que el hombre del banco se regocija entra tanto derroche y desinterés y se toma todas las copas que aquel altruista ser humano le va sirviendo. Aplacada su sed y calmados sus deseos se sumerge entre la multitud del público y disfruta del concierto mientras el resto del integrantes de la banda le hacen señas de ánimo desde el escenario y comentan entre sí lo amable que es el dueño de la sala, que no ha dejado de ayudarles con la descarga de instrumentos y con el montaje y además ahora corea sus canciones... el hombre del banco tan gentil como de costumbre les manda mil guiños desde su parche en el rostro, que levanta y tapa rápidamente en un palmear delicioso de su perfil izquierdo, hasta que de pronto, acierta a ver rodando por el suelo lo que le parece una esfera perfecta, tan impecable, tan brillante como un ojo humano y persiguiéndolo, sale de allí, camina por el paseo General Martinez Campos en dirección a Tribunal y poco antes de cruzar la carretera, la bola se detiene justo al pie de la estatua de un gran hombre, junto a ella, un banco público se le muestra complaciente y tras recoger la juguetona canica de la calzada se recuesta en él a contemplar a los viandantes nocturnos que toman la ciudad con sus pasos. Cercanos a él camina una expedición humana formada por cinco integrantes del público a los que reconoce al instante...con su porte refinado y haciendo uso de una reverencia saluda a las dos damas y saca la lengua a los tres varones, pero ellos parecen no verlo y continúan su trayecto perdiéndose entre los callejones que desembocan en la Gran Vía.


El frío de la noche y el alcohol cabalgando por sus venas le adormecen la conciencia en aquel plácido banco de la capital que sólo es avivada por el sonido del vehículo que frena a dos metros de él y por el que desciende aquel camarero tan cordial que además de servirle copas toda la noche le explica que ha sido una suerte enorme al encontrarlo de regreso al local, después de haber tenido que marchar a toda prisa en mitad del concierto pues así no tiene que volver para entregarles "lo acordado" y acto seguido le coloca en el interior del bolsillo de la americana un sobre repleto de billetes despidiéndose de él en su flamante Audi A7 y dándole las gracias, mientras cerrándose la capota del vehículo, desaparece engullido por la oscuridad.


...Hoy ha sido un gran día, de esos que no se olvidan fácilmente, que marcan y que dejan huella interior, el hombre del banco se descalza sus únicos mejores zapatos y se duerme plácidamente en el banco junto a la escultura...

17 comentarios:

{ essaldir } at: 23/11/10 dijo...

Hoy... vaya que quede capturado por el Hombre del banco.... esta parte de la historia es simplemente genial, tiene unos matices que envuelven... esta bien dibujado el texto, me parece, con tantas imagenes divertidas como intensas... y quedan las ganas de mas...
La pintura va bien.

Besos

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

essaldir, por una vez parece que la vida trata bien al hombre del banco y el azar se encarga de abrigarlo y acomodarlo...ja,ja...este personaje se hace de querer...volverá y seguirá contándonos sus andanzas, de eso no cabe la menor duda... ;)

Besos y me alegra que la pintura continue...

Arwen

{ El Mar no Cesa } at: 23/11/10 dijo...

Si, como el equilibrio de esa naturaleza que lo despierta todas las mañanas, ya el hombre del banco se merecía "un gran día"... yo tambien ya lo siento como un personaje de todos Arwen, querido... por eso, espero con ansias su proxima entrega.
Un abrazo guapa!
Mar.

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

El Mar, es un lujo leeros hablar así...sinceramente creo que el hombre del banco no se imagina ni de lejos lo mucho que lo apreciais... ;D

Besosssss y volverá!!!!

{ Abismo } at: 23/11/10 dijo...

Me gusta que tenga un buen día, y no sienta el frío del banco, ni en esos pies descalzos...;D

Besos cálidos desde el abismo

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

Abismo...tal vez por eso que ..."algunos hombres buenos"... ;D

Un beso cálido!

{ Mar } at: 23/11/10 dijo...

Bendita confusión que por una vez favorece al hombre del banco!!! Ya era hora de algo bueno... jajajaja, que le dure al pobre, que siempre anda metido en cada tinglao que vaya tela!

Besos.

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

Mar, veremos a ver como se resuelven las cosas.... ^^ de momento parece que ha tenido una tregua... :D ...¿será duradera?.... ;)

{ TR } at: 23/11/10 dijo...

Se merece su gran dia por luchador y soñador.
Como te lo mereces tu por estar siempre.
Un beso.

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

Gracias TR por la parte que me toca... ;)

El hombre del banco también se sentirá feliz.

Besos!!

{ lemaki } at: 23/11/10 dijo...

Escribes muy bien: casi se podría disfrutar del concierto, después de saber qué instrumentos musicales bajó de la furgoneta, escribes la marca pero ahora no lo recuerdo... y sobre todo, describes y detallas como podría ser la fantasía e imaginación al narrar la aparición de una gran esfera, como un ojo humano. Este hombre tiene buenos amigos... los músicos y los camareros, jejeje.

Un abrazo.

{ Las Gemelas del Sur } at: 23/11/10 dijo...

No hemos estado allí, pero con tu relato lo hemos vivido, lo hemos visto y nos ha hipnotizado el discurrir de esa canica azul que seguro encierra un significado que no hemos podido desentrañar. ¿Tendrá el hombre del banco los ojos azules, como nuestro planeta azul? Uhmmm...Este hombre del banco es un cielo...¿azul?

Besos a pares.

{ Arwen } at: 23/11/10 dijo...

Gracias Lemaki, un placer leerte de nuevo, me alegro de que hayáis viajado con él a este concierto... ;)

Gemelas, estabais aunque no fisicamente, pero estabáis... ;)

Besos azules y esféricos!!

Arwen

{ Pilar } at: 23/11/10 dijo...

"sus únicos mejores zapatos"

que bueno la vida le muestra también una sonrisa

{ essaldir } at: 25/11/10 dijo...

Volvi... por el concierto, por las atenciones gentiles... porque salio bien parado... porque algo le resulta casi sin querer, de pura amabilidad que le nace. Y volvi tambien porque soy curioso... ya te habia dicho, siempre vuelvo...aunque no se note.

Besos

{ anuar bolaños } at: 25/11/10 dijo...

Sabio que no actúa se reduce
a un espejo insulso
para el discípulo incauto.

El sabio es un prisionero
en estuche de hueso.
Efímero redentor que nada fabrica,
amable despiste del olvido.
parsimonia en solitario.

Fuerzas imposibles de nombrar
acompañan al soñante.
La cadencia del viento lo mantiene en vilo.

No logrará entender la armonía
de los datos que constituyen la vida,
ni decantar los planos que fundan cada día.



anuar.

{ Arwen } at: 25/11/10 dijo...

essaldir, vuelve siempre que quieres, estás en tu casa :)

anuar, precioso poema, gracias por pasarte y compartir estas letras... "no lograré entender la armonía de los datos que constituyen la vida"...¡que grande! :)

Saludos.

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