Cap. XIX EL HOMBRE DEL BANCO: Vacaciones en el mar.

martes, 26 de julio de 2011
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El hombre del banco se ha despertado más pronto de lo habitual debido a una noche de calor hambrienta de sudor y de altas temperaturas, se dirige medio inconsciente a la fuente más próxima del parque y allí entre los hierbajos del estanque se zambulle en calzoncillos, apartando sin pudor a los patos molestos que no dejan de picotarle por todo el cuerpo y tras la media hora larga del baño matinal, se seca tendido a la sombra de un sauce llorón y se acicala de arriba a abajo con su único traje de siempre, su camisa blanca, sus calcetines negros... uniforme que con esmero lava cada noche en la fuente de botón del parque con la pastilla de Heno de Pravia que la tendera del bazar chino le entregó a cambio de uno de sus experimentados y afamados besos Turcos. Y tras el ritual de aseo matutino, se dispone a caminar hacia la zona de los chiringuitos y bares cercanos al paso de Marinaverde, que separa el parque de la Route de la orilla de la playa. Se sienta cómodamente en la terraza de La Bondadosa, un restaurante con vistas al mar y olor a pescado frito y agarrando el periódico local y con el disimulo que lo caracteriza se toma los restos de las tazas de café con leche que los clientes más madrugadores que él, han ido dejando esa mañana y peregrinando de mesa en mesa haciendo como que busca la mejor sombra y la vista perfecta al horizonte marino, termina por desayunar placidamente un croissant intacto que el último crío malcriado acababa de dejar allí...relajado y tranquilo, pone mala cara al camarero que sale a tomar nota de su pedido, indicándole que los mosquitos Tigre que acosan su local no han dejado de molestarlo ni un sólo momento y con gesto despectivo y ante la cara de asombro del camarero, abandona el lugar.

No ha caminado mucho, cuando por la acera contigua se topa de bruces con una agencia de viajes que publicita en su cristalera todo tipo de ofertas vacacionales...en los pósters bellas modelos -con o sin compañía- sonríen placidamente y son acariciadas por el sol bajo sus sombreros de paja de ala ancha y un simpático hombrecillo de color oscuro les sirve grandes copas de cocktails tropicales...sin pensárselo dos veces el hombre del banco entra en la agencia y se sienta cómodamente delante del amable vendedor preguntándole por el destino del póster, el empleado de la agencia no escatima en detalles y le muestra la ruta hacia el Dorado, un paquete de lujo de 7 noches por el Caribe haciendo escala en Key West, Jamaica, Gran Caimán y México.

-No podemos prometerle nieve, pero si unas cálidas vacaciones en las mejores playas - asegura el sonriente vendedor. -Le encuentro un hombre con estilo y es sin duda el mejor de los destinos para usted- categoriza.

El hombre del banco le devuelve la sonrisa que pronto se desvanece cuando el insensato vendedor le informa de que el precio de aquel sueño le costará más de 2.500eur., a lo que acto seguido el hombre del banco le hace un desplante y se marcha de allí sin mediar palabra... cabizbajo y pensativo continua caminando por el puerto cuando un hombrecillo uniformado de blanco, con botones dorados, galones y guantes, le dedica un saludo militar.

- Le esperábamos señor-

-¿Sí?- responde aturdido el hombre del banco.

- Por supuesto. Llega con media hora de retraso. Vamos a zarpar ya hacia Jamaica. No podíamos partir sin usted. Suba.

Con aire soberbio y con los ojos como platos, el hombre del banco sube a bordo del Splendida, una obra maestra sobre el mar, como su slogan indica en la proa, donde es recibido por la tripulación con gran satisfacción.

-Lleve al contramaestre a la sala de máquinas. -ordena el capitán-

-Sí señor. -responde el oficial de los botones dorados-

El hombre del banco sin mediar palabra comienza su excursión particular por el Splendida, camino de la sala de máquinas, no sin antes acomodarse en su camarote y colocarse el uniforme reglamentario de color azul marino de botones dorados con gorra de plato que le han asignado. No tarda en subir a la cubierta del lujoso naviero, con el azul del mar de fondo y los turistas congregados en todas partes, una señora gorda con pamela de plumas, embadurna a sus hijos con crema de protección solar hasta la saciedad, mientras éstos se dedican a molestar a aquellos que toman el sol en las tumbonas al borde de la piscina, disparándoles con sus pistolas de agua escondidos en la retaguardia de un mástil...toda la fauna humana estaba allí,...jubilados deseosos de conocer la arena blanca y las playas cristalinas, familias con niños en pos de la ansiada tranquilidad, parejas de novios disfrutando de luna de miel, amantes escapando de sus vidas conyugales, amigos en busca de nuevas aventuras y hasta empresarios en viaje de negocios... todos parecían tener su destino navegando a bordo de ese trasatlantico...de momento los ojos del hombre del banco se clavan en la melena pelirroja que ondea de espaldas al viento, rodeada por una convención de oftalmólogos de diferentes paises...bajo las gafas negras y el sombrero de rafia, la pelirroja que va de la mano del otro, sonrie abiertamente al recién nombrado contramaestre, que en un acto reflejo guiña su ojo sin parche a la hermosa joven a quien ha reconocido desde el primer momento.

Bajo un cielo abierto de temperaturas cálidas, viento a favor y aromas marinos, el hombre del banco navega con rumbo a Oculoris.

11.30A.M., En la cabina de mandos del Spléndida el controlador automático del DSC recibe un telex... "Buenos días. Soy el contramaestre Javier López Arenas. Llegaré en helicóptero en breves instantes para ocupar mi puesto. Motivos de máxima urgencia no me han permitido ingresar en el buque a pimera hora de la mañana"...


(continuará)


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HERIDOS

martes, 19 de julio de 2011
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Y la corteza del árbol dio paso a la madera, frágil, tierna, expuesta, aromática, desnuda, desprovista de su estructura esencial... bajo la atenta mirada del cielo abierto, las ramas del viejo nogal verdearon una vez más meciendo su melena de hojas entre el viento...sobre la tierra yerma de los páramos un niño tan huérfano de todo como aquel tronco hunde sin piedad un machete justo en el centro del palo y empuñando su fina mano de diez años, dibuja un corazón de trazo libre que alberga dos pequeñas iniciales... la llaga del árbol vierte sobre su vestidura inicial un sendero de amarga resina que alcanza las lagrimas de soledad del niño...la luz mengua, el camino se oscurece, mientras sus pasos diminutos se alejan de él como cada tarde... y se despiden a lo lejos, enmedio de la senda polvorienta, dos viejos amigos... viviendo en un corazón herido de muerte...
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EL VEREDICTO

martes, 12 de julio de 2011
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-Yo creo que ya le hemos dado muchas vueltas a esto, así que creo que por mi parte ya podemos votar.

-culpable.
-inocente.
-culpable.
-inocente.
-culpable.
-inocente.

Empate a tres, la vida de un ser pende de un hilo...

-No haré ninguna declaración.

No hay arma del crímen, ni caso, ni asesinato, ni asesino... Sólo víctima y veredicto.

Laxus movió la cola, como solía hacerlo cuando deducía que algo no andababa bien, que sus grandes patas de podenco habían dejado más huellas en el lodo del jardín de lo que sus pequeños ojos escudriñaban...junto al macetero enorme de geranios, la paloma de la paz yace inerte entre culpables e inocentes.
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PASTA AL DENTE

martes, 5 de julio de 2011
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-No sabía que vendría a cenar.

- Ni yo tampoco. Pero acabo de acordarme que tengo sobras de macarrones en la nevera.

- Estarán bien, siempre cocinaste de maravilla.


Fue un encuentro conmigo mismo, un decálogo de las cosas ya sabidas, de los entresijos que amasamos sin agua, ni harina, como buscando más allá de nuestras cocciones personales, del fuego lento de nuestras emociones y de las hornadas de nuestros sentimientos. Y aún así, cuando uno ha vivido con el corazón en la mano, ladeando precipicios de sensaciones enfrentadas es cuando importa como somos, bajo la piel de esta telaraña de bytes que tejemos a diario sin arañas, ni telares, ni presas, bajo los códigos binarios que nada entienden de nosotros pero que transmiten a la perfección un buen número de ceros y de unos, alineados como ejércitos feroces, para desafiar a los que estáis ahí, al otro lado. Y en esa realidad ecuánime de nuestros deseos, en ese devenir de nuestras teclas, que importa como nos llamemos, quienes seamos, si se nos va a conocer por nuestros actos.


- No hay sobras de macarrones en el estante superior del frigorífico.

- No importa, vine ya cenado.
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