EL POSTER

martes, 28 de junio de 2011
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El socio hizo un ademán rígido con la mano para llamarla. Y ella se acercó sin reservas pidiéndole que no le hiciera delatar a un compañero. Él dudó de su profesionalidad, ella desvió la mirada y le siguió el rastro de lejos. El espacio vital entre ambos se llenó de pensamientos enfrentados. Y mientras las conciencias se revolvían en sus cráneos, la enorme estancia que los precedía, mostraba el borrador de una carta en el suelo de papeles revueltos, de cajones desperdigados sobre el parquet, donde a modo de película cómica, un charlot caído de su poster revela a un gran dictador sin Mutual Film Corporation, ni bigote, ni bastón...lejos del papel couché el verdadero dilema se balancea entre la realidad y la ficción como en un film de humor negro, sin risas, ni espectadores...

- Despídelo, le pide el socio.

- No puedo- balbucea ella sin ni siquiera mirarlo.

- Entonces, ¿por qué no te retiras tú?.

- El bufete es tan mio como tuyo. No puedes pedirme eso...los clientes, los casos. Dedícate a lo tuyo, mis subordinados son cosa mia.

- Pues eso es lo que me preocupa Amanda, que sean cosa tuya...

Por la garganta de Ernesto un nudo amargo, como una gran bola de pelo, le secaba la traquea y le paralizaba los músculos maxilofaciales y el único tratamiento que deseaba, el único que esperaba y el único que ella no estaba dispuesta a darle, se sentaba en el despacho contiguo, bajo un traje gris de alpaca, camisa blanca de seda y corbata lisa, tan radiante como él sonriéndole a su amante tras las persianas abatibles y removiendo en él, el rechazo por un deseo no correspondido.

Tras los pasos de los zapatos embetunados de Ernesto, Charlot sonríe desde su poster, repitiéndole entre dientes... "a fin de cuentas, todo es un chiste".
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LA SOGA

martes, 21 de junio de 2011
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El mastil se sostiene hiriente entre la tierra rajándola en dos para no sembrarla con sus dientes afilados de hiena y tan punzante como el aullido noctámbulo del lobo. La cuerda que lo alza entre hormigones ata tus manos y las mias y las de todos, ata nuestras conciencias y nos venda los ojos...pero si estiramos de la soga los dos al tiempo, primero tú y luego yo y luego los otros, levantaremos la vieja madera sin raices, carcomida por el peso de todo aquello que se cree normal y que nos desgasta. He visto tus marcas y tu las mias, he visto las suyas y ellos las nuestras, la soga nos aprieta y nos ahoga, pero nosotros tenemos la altura suficiente para ver las cosas y en el lozadal de futuro, de las noches con estrellas, veremos a la luna que es una daga manchada de sangre, de las llagas de nuestro presente. Tira fuerte que ya afloja, ahora yo estiro más...que juntos la podremos desatar.
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SÓLO UNA CALADA MÁS: VIAS Y TRENES

martes, 14 de junio de 2011
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Y entonces llega el día en el que te cansas de seguir el guión y repites incesablemente esas estrofas de Sabina que dictan un "yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid", aunque ni por asomo circules en tren o pases habitualmente por la puerta de Alcalá. Y en ese preciso momento abres de par en par la carta de postres de uno de esos afamados restaurantes de alta cousine, donde los Chefs alternan con los clientes y buscando algo más que pastel de Tiramisú en el listado, clavas tus ojos, sin pretextos, ni excusas en las líneas de tus manos, para asegurarte de que nada ha cambiado y que por debajo de esa piel, sigues estando tu mismo. Las neuronas acuden en tropel, imaginando la mezcla de sabores magistrales de todas aquellas cremas y texturas, donde el cerebro, febril y dilatado se vuelve incapaz de decidirse por una...y ante la disyuntiva de la elección, te levantas, felicitas al cocinero, aprovechas para hurgar sabiamente con tus dedos en esa copa de helado que con precisión y glamour a partes iguales, es sostenida por las manos de una hermosa mujer. Y tras un guiño de tus ojos y la sorpresa irreverente de los otros, desapareces de la escena en el primer taxi que cruza la avenida, con la ventanilla bajada hasta los topes para que el aire de la ciudad te limpie la lógica y con la sonrisa puesta y ligero de equipaje, pasas incontrolablemente al plan B mientras le indicas al chófer: "lléveme a la estación".
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EL BESO

martes, 7 de junio de 2011
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Cerró los ojos y se inclinó sobre ella para besarla por última vez, se acercó sigiloso hacia sus labios, recorriendo centímetro a centímetro el sendero de una piel que conocía tan bien como la suya propia...la pequeña cicatriz junto a la barbilla y el diminuto surco que formaba en su ascenso hacia la boca, el eterno aliento a esos chicles de fresa que siempre masticaba y que la transformaban en una fruta más que deseable. Continuó aspirando su aroma, el olor de su piel, al tiempo en que su lengua se aproximó a ella suplicándole toda la piedad que ésta fuera capaz de darle... pero ella ni se inmutó, se desvaneció entre sus dedos como cada día, lo torturó una vez más hasta estrangularle la memoria y allí completamente sólo, acurrucado en el centro de su habitación, se inclinó sobre ella para besarla por última vez y lloró la pena muda, de no haberla besado nunca.
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